domingo, 1 de enero de 2012

Ese y mil besos más

Repetiría una y mil veces más el beso clandestino. Me gustaría besarte las ansias, la frente, los pensamientos y las nostalgias. Volver a dar un trago de cerveza y mirarte a los ojos y volverte a buscar los labios y sentir su suavidad y ese calor adictivo. Besarte en el cuello, en la nuca, en la cara. Besarte en la comisura de tus labios, vivir en el cielo de tu boca, nadar en el mar de tus deseos y llegar hasta la orilla como un náufrago tras el vaivén de sus olas. Besarte con luz y sin luz, en días soleados o en días con lluvia. Ah, bajo la lluvia, adoraría besarte bajo la lluvia. Te besaría en el café más cercano, en un avión con rumbo a ninguna parte, en el París de los enamorados y bajo los amaneceres del barrio. Te besaría y nos mirarían sintiendo envidia de nuestros besos. Porque además te besaría durante todas las estaciones del año, a cualquier hora, laborables y festivos, dijeran lo que dijeran las noticias, saciado o con el estómago vacío, en la cola del súper, en tu casa o en la mía, en el norte o en el sur, aquí o en China.
Se me ocurren tantas formas de repetir ese beso. Quiero repetir ese. Ese y mil besos más.

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