No importa cuánto tiempo pase. Recordaré siempre el impacto de escuchar aquella canción de Nirvana, la fuerza del grunge de Cobain y cómo me marcó su historia. Vuelvo la vista a mi adolescencia ya pasada, una época de egolatría e inmadurez que ahora examino curioso y a mucha distancia asustado de lo rápido que han pasado esos años en los que habían muchas cosas nuevas que descubrir y muchas normas que desafiar, muchos fuegos en los que quemarse sin pensar demasiado en las heridas que pueden dejar marca después.
Vuelvo a escuchar Smells like teen spirit, volviendo a disfrutar de la fuerza de sus acordes, volviendo a cantar esa letra a la que no encuentro demasiado sentido, pero que fue la primera que me aprendí en inglés.
A denial, a denial, a denial...
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