jueves, 15 de diciembre de 2011

Un búnker

Los asientos traseros del coche fueron en aquel momento un búnker construido por la sublimidad de tu boca, por la alegría de tus sonrisas y por el brillo de tus pupilas.
Los asientos traseros del coche fueron un búnker donde te hubiera besado hasta abrirme los labios, hasta notar el sabor de la sangre en mi boca.
Los asientos traseros del coche son ahora el recuerdo de un instante, del momento en el que hiciste de ellos un búnker impenetrable.

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