Por estas fechas la ciudad huele más a soledad que en otras por mucho que las luces comerciales pretendan vender lo contrario. La superficialidad es una fiesta y se pretende que una flor haga primavera, pero en diciembre sigue siendo invierno. El Estado gana la lotería año tras año y la gente brinda con cava sin que yo entienda todavía por qué.
Tengo ganas de volver a casa y sentir aquel calor que no da la calefacción y esa felicidad instantánea que no da el dinero ni la decoración, estar con mis padres y ver a mis amigos. Esas son las loterías de mi estado.
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