Pensaba esta mañana en qué maldita tristeza se apoderaría del corazón de Urquijo hasta domarlo y matarlo en el número 23 de Espíritu Santo. En la tristeza adictiva y corrosiva que deja a los hombres flacos y consumidos. ¿Dónde estará la línea que la separa de la droga y de esa muerte agónica y lenta?
Pienso en tantas tristezas... En la tristeza de Kurt, en la de Drake, en la de Enrique y tantos otros.
Hoy vuestra tristeza es mi alegría y acompañante en mis pequeñas tristezas, yo que tuve la suerte de ver la luz mucho antes de traspasar el límite de un camino sin retorno.
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