Me he preguntado los por qués de mi angustia para angustiarme menos si descarto que no es crónica.
He caído en la cuenta que tragar competitividad, egoísmo y prepotencia durante diez o doce horas todos los días es tan tóxico como inhalar monóxido de carbono.
Los nichos de Bellvitge como primera fotografía de mis despertares bajo un cielo gris cubierto no ayuda.
El perro viejo con los dientes torcidos me ladra y parece amenazar con atacarme hasta que mi voz en alto puede más que su valentía canina.
Desayuno deprisa lo mismo de siempre, qué contagiosa es la rutina.
Voy de camino a clase, en el metro y resulta incómodo escribir de pie. La siguiente es mi parada. Ayer probé un Chateaux d'Yquem del 96 y mi paladar lo añora.
Es de noche y aún siguen dando vueltas en mi cabeza esos dos versos.
Esperaría por ti siete vidas,
recibiría cuatrocientos golpes...
No hay comentarios:
Publicar un comentario