martes, 21 de agosto de 2012

Adiós veintidós

Seguramente pueda considerarse una manía la costumbre de hacer balance un día al año. Pero mentiría si dijera que mi balance se reduce al que hago especialmente cuando el paso del tiempo llama a la puerta y me pregunta acusadoramente en qué he utilizado los últimos trescientos sesenta y cinco días del año. Los veintidós años han dado para mucho y han pasado supersónicamente. En definitiva siempre es lo mismo: mi cabeza con vocación de fiscal denuncia a mis acciones que acuden a su juicio pasotas y, además, bostezan irreverentes como si la cosa no fuera con ellas. Mientras que mi conciencia que actúa como juez empieza a odiarla y piensa en una condena firme aunque mis excusas como abogado de oficio siempre tienen argumentos para rebajarla. No sería justo conmigo mismo si mirara el paso del tiempo acordándome sólo de mis errores. Pero empecé con mal pie y acabo sobreponiéndome a otro tropiezo. Pero como no sería justo, cabe destacar lo positivo, y esto es lo que he aprendido. Parece que he estado de prácticas en el mundo hasta ahora, y que por fin, la etapa que empieza desde ya será definitiva y reveladora. En este año debo demostrarme a mí mismo si soy capaz de cumplir con lo que quiero ser. Si soy capaz de abandonar a mis fracasos y dejar de mirarlos y compadecerlos por el retrovisor, como si sintiera nostalgia por aquellas equivocaciones. La estabilidad y la constancia tienen que marcar el camino desde ya. Dejé Segovia, y alguna cosa importante parece que se me quedó por allí, como un trocito de alma que aquí en Barcelona todavía echo de menos, pero creo que solamente es el recuerdo. Aquellos golpes que recibí justo antes de marchar siguen rebotando en mi conciencia. La conversación en medio de aquel paisaje con alguien que me apreciaba de verdad revolucionó mi conciencia y me movió a actuar. Y en esas estamos, emprendiendo una dura lucha contra los mismos deseos egoístas tras los que todo el mundo va, recordándome una y otra vez, una máxima: no ser como todos. Eso sí, qué año tan cargado de proyectos nuevos ha sido éste. No puedo menos que sentir alegría porque todo cuanto me he propuesto a nivel de formación y en el plano profesional, ha alcanzado y superado mis expectativas. Todo el conjunto de experiencias y relaciones personales de las que me quedo con lo mejor de cada persona me han hecho crecer muchos centímetros simbólicos mi estatura como persona. Sin embargo, también he aprendido que quiero ser dueño de mi tiempo, y que invertir más horas de las necesarias en un sistema que se va a pique no sería nada sabio. Cultivar la espiritualidad es una lucha tremenda cuando la carne sólo mira por sus deseos. Suerte que la conciencia sigue viva y cada vez más educada. Aquí, me he encontrado con personas magníficas, de una calidad humana emocionante. Ellos saben quiénes son. Estáis transformando mi vida, llenándola de alegría, de miradas positivas, de ánimo y confianza en mí. Gracias por todo esto. Este año he descubierto que mi mejor amigo no lo es. Este año he descubierto que es mi hermano, un hermano nacido para cuando hay angustia, un hermano que acompaña en todo tiempo, mi mayor bendición. Volvería a nacer simplemente porque sé que vale la pena vivir por sentir el gozo de disfrutar de una amistad así. Hay una persona en especie de extinción, que antepone amistad a todo lo demás. Esa persona que está leyendo esto, que me quiere y que espera, que ríe y llora conmigo es lo mejor que me ha pasado hace mucho tiempo. Intentaré no defraudarte por todos los medios, porque te lo mereces, porque sin ti esto no sabría a nada. Obliguémonos a mirar el presente, siendo conscientes de que los cimientos que pongamos ahora afirmarán nuestro futuro o lo harán tambalear. Mirémonos con calma, con un muro de distancia obligada, que no separa ni divide lo mucho que nos queremos. Cada día lo tengo más claro, esta nota es para mis padres: “Por favor, no me faltéis nunca, hoy tengo la certeza de que mis mejores amigos sois vosotros“. La muerte, esa que se presenta sin que nadie la invite, pudo finalmente con un luchador tenaz y valeroso, con una persona que dio ejemplo de dignidad y que supo encontrar y transmitir cosas positivas hasta cuando parecía imposible y el desánimo quería anegarnos por completo. A ese hombre luchador que murió fiel a su fe y cuya memoria nos servirá como estímulo y motor de motivación a todos lo que como él, queremos seguir tras el camino que conduce a la vida, le doy las gracias. Roberto, tu recuerdo es una llama para seguir adelante con más fuerza que nunca. Hay otras personas que se van yendo, por motivos diferentes. El trato se va enfriando y apenas nos vemos. Me acuerdo de muchos de ellos y seguramente no tanto vosotros de mí. Pero espero que la vida os dé lo mejor que tenga preparado, aunque tengamos que separarnos porque nuestros caminos ya no son compatibles. Por último quiero dar gracias a las pequeñas cosas que dan color a la vida. Al octavo arte que para mí es el vino, una pasión que es capaz de cautivarme cuando pensaba que nada me podía envolver del todo. A las canciones que me han acompañado y a Vetusta Morla por ese plus de sentimiento y arte en cada una de ellas que las hace más grandes que al resto. A las películas que me han emocionado durante estos veintidós. A los que sienten y saben transmitirlo sin caer en la misma vanidad y simplicidad que no construyen meros pasatiempos sino emociones, historias y recuerdos. Trescientos sesenta y cinco agradecimientos y recuerdos para los que llenáis mi vida, pero el más importante es para Jehová Dios, por su amor y su perdón, por la fortaleza que me transmite y por su palabra que me guía y le da sentido a seguir en este mundo, sabiendo que el fin está cerca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario